U na de las particularidades de estas movilizaciones es la ausencia de un líder, lideresa o voceros/as. Seguro quedaron grabados en nuestra memoria María Jesús Sanhueza de la revolución pingüina, Camila Vallejo el año 2011 o Iván Fuentes en Aysén, por mencionar algunos. En nuestro esquema; una voz que hable por las masas, que represente e interlocute con el Gobierno de turno. Esta vez, no tenemos, pero ¿lo necesitamos? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de un estallido social acéfalo?

       

Por Patricio Contreras
Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gerencia Social

Lo positivo de no tener una figura, es que se neutraliza cualquier acción del Gobierno que busque deslegitimar al dirigente como método indirecto de desprestigio al movimiento social. No hay alguien a quien criticar por su tendencia política, sus acciones del pasado, género, religión, escolaridad, etcétera. Nadie contra quién querellarse. Así mismo, no hay a quién cooptar, corromper o amedrentar, esto es una gran tremenda fortaleza, no hay de quién decepcionarse porque además no hay alguien que deba tomar decisiones difíciles, como la inmensa responsabilidad de aceptar o rechazar las propuestas del Gobierno para salir de esta crisis. Las diferencias partidistas o aquellas basadas en los celos y personalismos suelen ser muy dañinas en estas circunstancias, sin líderes que disputen de manera efectiva el primer plano, estas diferencias se minimizan y cobra valor la unidad.

Lo negativo y quizás más complejo de no tener cabeza, una o varias, es la falta de conducción y aunque el mayor descontento sea contra los políticos, esto es política. Un juego de ajedrez, donde la estrategia y las tácticas son elementales para la victoria. Por ejemplo, una movilización 24/7 cuya expresión es dispersa y lineal, va directo al desgaste y lo peor, se vuelve predecible. La estrategia del Gobierno es realizar cambios cosméticos sin tocar el modelo y para ello cada día emplea una táctica distinta. Cuando encuentre la táctica correcta y el desgaste se haga evidente, ¡jaque mate! Sería una inmensa derrota volver a la normalidad con la agenda social de Piñera, mientras que las demandas genuinas de la ciudadanía apuntan a cambios estructurales. Otro aspecto negativo que hace peligroso el vacío de liderazgo, es la aparición de actores que con discursos populistas tergiversan el verdadero sentido de la movilización, como J.A. Kast que busca apropiarse los «chalecos amarillos».

Cuando los partidos o parlamentarios de oposición han asomado, se les critica por oportunismo o sólo por ser políticos. La plataforma Unidad Social que agrupa a los gremios de siempre, los que por años han levantados las banderas que hoy flamean con fuerza, tampoco ha logrado posicionarse como el referente conductor. Las redes sociales han ayudado a conducir mediante una gráfica inteligente, un vídeo, un lienzo elocuente, un afiche convocando y las multitudes se mueven u opinan, sin importar la procedencia. Existe tal nivel de adhesión que no importa quién convoca, simplemente hay que estar. Autoconvocatoria.

Este movimiento no demanda líderes, porque nadie organizó esto, se buscan cambios estructurales y punto. Pero atención, se necesita coordinación o vamos a necesitar a un personaje surreal o incógnito brillante e inspirador guiando a las masas, un Joker, Dalí (Casa de Papel) o el Comandante Proxy. Hasta en esto, el octubre de Chile cambió nuestros esquemas.