E l modelo que ha permitido décadas de abusos está protegido por nuestro sistema político, básicamente la Constitución, haciendo cómplice al Estado del dolor de las personas, por lo tanto, la confianza en las instituciones está disminuida a tal punto que una salida a esta crisis es más compleja que ofrecer un conjunto de rebajas acordadas en los salones de La Moneda.

       

Por Patricio Contreras
Administrador Público, Licenciado en Ciencias Políticas, Magíster en Gerencia Social

En términos generales existe consenso social y político en el diagnóstico del malestar que llevó a Chile a despertar de esta forma. No así con la forma en que se ha abordado la crisis, cada día el Gobierno plantea una estrategia distinta, todas con intenciones divisorias, que les resulta en principio con cierta ayuda de los canales de televisión pero que terminan por fracasar. Por ejemplo, se buscó homologar las manifestaciones a vandalismo; no resultó, las mayorías pacíficas han mantenido las banderas arriba y repudiando el actuar de los saqueadores, incluso, asumiendo ellos la defensa de los bienes públicos y privados.

Podríamos cuestionar el Estado de Emergencia, el toque de queda, la veracidad de los saqueos e incendios, los abusos, los asesinatos, pero eso amerita una reflexión a parte, es un capítulo oscuro que la historia se encargará de juzgar. Por ahora, no es el objetivo de esta columna que busca vislumbrar los escenarios posibles de salida a esta crisis que serían básicamente tres: Tradicional, refundacional y mixto.

Una salida tradicional es lo que propone Sebastián Piñera al convocar a La Moneda a los presidentes de los partidos políticos para construir un «gran acuerdo social». Esta salida asume que los partidos son representantes de las diferentes visiones de nuestra sociedad, que gozan de legitimidad y el liderazgo para al momento de llegar a acuerdos invitar a todos los manifestantes a volver a sus casas. Nada más alejado de la realidad. Es decir, buscar resolver la crisis con el sistema político que no quiere la gente. Tampoco se trata de torpeza política, sino que es la alternativa que deben explorar para realizar cambios cosméticos con la constitución que tenemos, resguardando los intereses de los que tienen más privilegios.

Otra salida es la refundacional, la que habla de un nuevo pacto social, nuevo orden, nuevas reglas del juego, nueva constitución, etcétera. No es excluyente si la primera fuera una especie de agenda corta y ésta una agenda de largo plazo. Pero en cualquier escenario, esta salida no se construye en el marco de la actual institucionalidad, al contrario, supone dibujarla de nuevo, incluso con nuevos actores políticos. En otras palabras, convocar a elecciones de constituyentes para conformar una asamblea que se encargue de redactar la nueva constitución. Para satisfacer las grandes demandas de esta movilización se requiere una salida de estas características. Recordemos que lo que está en entredicho es el rol del Estado en la garantía de derechos versus los abusos del mercado.

Una tercera, es una salida mixta, donde participen los actuales actores políticos y con las actuales instituciones, pero incorporando más actores y se asuman reformas importantes al sistema. La participación de los actuales actores políticos, requiere de un gesto que les permita mejorar la percepción de la ciudadanía y que sería renunciar a sus privilegios, como reducir la dieta parlamentaria o los altos sueldos de cargos gubernamentales. La participación de nuevos actores podría traducirse en espacios institucionales o semi-institucionales de participación, cabildos, mesas de trabajo con dirigentes sociales y gremiales, retomar el proceso constituyente u otro de estas características. En tanto a los frutos de estos, podrían satisfacer de manera parcial las demandas de la ciudadanía pero lo necesario para desmovilizar a un grupo importante y reducir a minoría a los que buscan cambios estructurales.

Cómo bonus track existe una no salida, catastrófica, un golpe que termine por acabar con nuestra democracia, justificado en la necesidad de órden y ganar la guerra al enemigo «interno» siguiendo un riguroso método conspirativo ¿Ha pasado en Chile? A lo menos unas tres veces en nuestra historia.

Una u otra salida depende de todos y de nadie, pero en mayor medida al Presidente. Pudieron haber evitado esta crisis congelando la tarifa del metro hace una semana. La variable tiempo es determinante y a medida que avanza, la crisis se agudiza. En matemática simple, para salir de esto, los que más tienen van a tener que ceder, no esperen más muertes para hacerlo.