Pedro Barrera | noticiaslosrios.cl

H ace algunos días se extendió la noticia de un horrible homicidio cometido en un sector de Mariquina. Un sujeto habría dado muerte a dos personas y herido a otras dos. Días después, dos ciudadanos valdivianos detuvieron al hoy imputado. Una situación bastante compleja: Ciudadanos deteniendo a un imputado peligroso, exponiendo su integridad y su vida. Por su parte, la gobernadora de la provincia de Valdivia, María José Gatica, hizo viral un video en el que públicamente “felicita a los héroes que detuvieron al imputado”

 
 

Por Pedro Barrera Díaz
Abogado | Columnista noticiaslosrios.cl

Es por todos conocido el cuestionamiento a la aplicación de justicia por propia mano, pero no pretendo criticar aquí a los ciudadanos que realizaron este acto pues presumo que lo que subyace a su instintivo actuar es un germen de conciencia social, una noción de justicia que todos poseemos en alguna medida. Sin embargo, sí es imprescindible reflexionar y repensar el mensaje social que deja un acto comunicativo como el de la gobernadora.

Resulta complejo que la figura política que tiene a su cargo la seguridad pública en la provincia pretenda livianamente “felicitar” a dos ciudadanos desenfocando la propia incompetencia institucional. Casi entre risas y palabras de orgullo, se desvía la atención del hecho de que la ciudadanía fue más efectiva que el aparato policial en una detención. Nadie se cuestiona lo grotesco que resulta decirle tácitamente a la ciudadanía que está bien exponerse para hacer justicia.

La responsabilidad de articular con celeridad todos los medios para impartir justicia conforme a la ley corresponde al Estado, y pretender con un afán comunicacional eludir dicha responsabilidad promoviendo banderas como la autotutela, es cuando menos cuestionable. No corresponde que sean los ciudadanos los que por medios propios deban resolver funciones que están asignadas al Estado exponiendo su integridad, su voluntad y su seguridad.

Las sociedades republicanas desarrolladas entienden que cuando el Estado se reserva el ejercicio de la fuerza, lo hace por un acuerdo social y en respuesta a las terribles consecuencias que se generarían entre los ciudadanos, si la resolución de conflictos se produjera sin límites de proporcionalidad, equidad y respeto por el derecho ajeno.

Por mucho que existan ciudadanos dispuestos por su vocación de justicia a incurrir en estos actos tan riesgosos y violentos, es una irresponsabilidad romantizar lo que sigue siendo una negligencia policial. No se puede, a instancias de un excepcionalísimo caso, pretender motivar a los ciudadanos a convertirse en vigilantes excusándose en la idea de que “en materia de seguridad todos debemos trabajar en conjunto”.

Este mensaje profundiza el sensacionalismo, altera la percepción de criminalidad, y abre un nicho de excesos potenciales que contradice peligrosamente todas las intenciones de un modelo que busca la paz social y la reducción de la delincuencia. Genera miedo antes que seguridad, incertidumbre más que certeza sobre la capacidad estatal para mantener la paz social.

La conclusión es simple: No, no necesitamos más héroes, necesitamos capacidad institucional, coordinación entre las policías, un aparataje público eficiente y estructurado. El heroísmo que irresponsablemente se pretende publicitar y cuya imitación se busca promover es tremendamente peligroso para la ciudadanía. En perspectiva, una disculpa habría sido más adecuada que una felicitación.