La Primera Enmienda | @robertwwhitaker

H istóricamente, el consumo por ficción ha migrado o mutado de plataformas. Los juglares, el teatro, la literatura y hoy por hoy el séptimo arte se ha instalado en nuestros hogares como uno de los espacios fundamentales, que nos permite acceder a contenido creativo, de muy diversos géneros, y que puede contribuir a la reflexión. Reflexión o estado reflexivo que me inspira a desarrollar la presente idea, cuando termino de ver por segunda vez The Newsroom.

 

Por Jorge Oyarce Kruger
Columnista noticiaslosrios.cl

The Newsroom, es una serie que pasó sin pena ni gloria por dos temporadas y media en HBO, entre 2012 y 2014. Probablemente, no la conozcas, por lo tanto requiere una pequeña reseña.

La serie cuenta la historia del equipo de redacción informativa de una cadena de televisión. El periodista Will McAvoy (Jeff Daniels) es un presentador de noticias. A la vuelta de sus vacaciones, después de un revés profesional, se encuentra con que muchos de sus compañeros han pedido el traslado. Además, su jefe (Sam Waterston) contrató como productora ejecutiva a su ex-novia: Mackenzie McHale (Emily Mortimer), quien trae consigo cambios que le generan más de un dolor de cabeza. Durante el desarrollo de la trama se incluyen coberturas de hechos reales para hacer la historia más creíble.

Es en ese contexto ambiental que se tejen diversas marañas de situaciones que exponen los límites éticos y morales de la industria de la información. Un equipo de trabajo con definiciones algo inocentes, representa hasta su último capítulo, lo que para los gringos era uno de sus patrimonios político/culturales más relevantes: su gran primera enmienda, que en muy pocas palabras garantiza la libertad de la prensa y de informar, principio que no sólo comprometía a las autoridades, sino también a los propios medios, que en torno a dicho principio fundaron un estándar de rigurosidad, con el fin de rendir honores y cuidar el pilar fundacional de su democracia: un pueblo informado.

Episodios oscuros existen, uno de los primeros detonó una guerra. La guerra de Cuba. La historia hoy no sólo recuerda el episodio bélico, sino también el repudio que el medio debió enfrentar, así como su propietario, que según algunos quiso limpiar su conciencia con la creación del premio Pulitzer a la excelencia periodística.

La primera FakeNews de la historia, para otros el nacimiento de la prensa amarillista o de chismes en 1897 ha de ser el evento que revela por primera vez el alcance del cuarto poder. The Newsroom, con suficiente acidez se mantiene al margen de lo político y releva constantemente su compromiso con la verdad y la “noticia confirmada” como elemento crítico de la prensa de calidad.

Independiente que hoy existe poco, o bastante menos de este estándar, hay tradiciones que aún son patentes. A diferencia de nosotros, los consumidores de noticias en USA reconocen las afinidades políticas de sus informadores, es parte de su compromiso con la verdad. No creo poder identificar si algo como eso existe en nuestro país. Creo que no. Somos informados por eunucos de la comunicación, que desde su inútil “declaración de imparcialidad” sólo contribuyen a no informarnos de manera adecuada.

Sin embargo, independiente del poco interés por informarse, la instalación de las mentiras como la parte más voluminosa del flujo de noticias que existe en la web y en medios digitales de comunicación alcanza un 60%, esto excluye redes sociales, donde las cifras superan el 90%.

El compromiso con la verdad hoy es urgente, la instalación de las mentiras hoy es multiplataforma, instalándose de manera asquerosa ya sin la protección del anonimato, al parecer, no nos interesa corroborar, y aún peor, nos da lo mismo que nos mientan. Seguimientos a presidentes como Trump, Bolsonaro y Piñera, les adjudican mas de 10 mentiras al día.

Iniciativas como FactCheckers y The Trust Project, al parecer, pretenden mantener a raya la presencia e influencia de las FakeNews; sin embargo, si no se avanza en leyes rigurosas que castiguen la publicación y difusión de estas es muy poco lo que se podrá revertir.

Y permítanme una licencia terapéutica, The Newsroom y sus últimos capítulos de verdad dan pena; dan pena porque desde la inocencia de un grupo de periodistas comprometidos con la verdad, no se consiguió mas que un cuarto lugar en sus ratings. En el mundo real si fuero reconocidos por especialistas y un par de Emmys, más una docena de otros premios del gremio.

En nuestro entorno, es aún más crudo que en la ficción, es aún más doloroso que el infarto de Charlie y es tan desilusionante como la mentira de un padre a su hijo, como la mentira que constantemente destruye nuestro futuro.