Paula Cárdenas | Opinión

L a violencia contra las mujeres es una realidad que está lejos de mejorar en Chile, es una epidemia desatada que se debe erradicar de raíz. Por lo que prevenirla es fundamental.

 

Por Paula Cárdenas Alarcón
Periodista

El servicio nacional de la mujer Sernam, ahora sernameg, lleva muchos años haciendo prevención de violencia con personas de todas las edades, pero desde 2014 en el gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet, se instaló una línea especializada en prevención de violencia contra las mujeres, que desde los centros de la mujer en diferentes comunas del país realizan talleres de prevención y capacitación a las redes de apoyo, mujeres y jóvenes, entre otros.

Pero hoy, el gobierno de Sebastián Piñera, quien manifiesta tener tolerancia 0 con la violencia, cambia las orientaciones técnicas de la línea de prevención y la reduce solo a realizar un trabajo enfocado en los jóvenes. A pesar de ser un grupo etario que necesita mucha atención ya que como indica el último estudio de Injuv sobre violencia en el pololeo, indica que un 34% de los encuestados afirma que le ha sucedido que su pareja lo/la ha insultado o gritado, un 26% declara que su pareja le ha prohibido juntarse con amigos/as o familiares, un 20% manifiesta que su pareja le ha controlado la ropa, los horarios, las salidas. En tanto, un 13% declara que su pareja se ha burlado de ella/el, despreciándolo/a humillándola/o en público.

A pesar de esta realidad, creo tajantemente que no debemos dejar de hacer prevención en mujeres adultas, redes, instituciones públicas etc.

Creo que el punto más crítico son precisamente las mujeres, ya que en nuestro país la violencia está naturalizada. Para la mayoría de ellas es difícil reconocer la violencia psicológica y sexual, e incluso muchas veces la violencia física y la mayoría no se reconocen como víctimas, ni pueden detectar las señales tempranas de control y violencia, que son fundamentales para poder detenerla a tiempo.

Esta decisión será sin duda un gran retroceso en esta lucha que requiere redoblar esfuerzos y que no necesita reducción de coberturas.

Una muestra más de un doble discurso que no aportará nada a cambiar la horrible realidad de la violencia de género.