Pedro Barrera | noticiaslosrios.cl

U n refrán. Sí, ese es el argumento que el gobierno pretende utilizar como justificación de sus propuestas en materia de delincuencia. Esta vez fue el Ministro Chadwick el que defendió, con una frase coloquial, el proyecto de ley que extendería las facultades de las policías para realizar controles preventivos de identidad a menores de edad hasta los catorce años, permitiéndoles además “hacer un registro simple de vestimentas, de mochilas, de accesorios que se puedan llevar”.

 
 

Por Pedro Barrera
Abogado, columnista noticiaslosrios.cl

No solo el ministro lo hizo, también -un mal recuerdo de esta región- el diputado Fuenzalida masificó un prejuicioso afiche en redes sociales que criminaliza la infancia con, otra vez, falacias y frases coloquiales: “no todos los niños son blancas palomas”, tuiteó.

Para el oficialismo no es suficiente la ya cuestionada y vigente ley de agenda corta N°20.931 que en su artículo 12 regula un control preventivo de identidad sin justificación alguna. Este control, no puede realizarse a menores de edad y tampoco permite revisar, por ejemplo, vestimentas o mochilas.

El problema es el de siempre, la falta de justificación racional de las normas jurídicas, la manipulación de la información encuadrando la discusión donde no corresponde. Se utiliza el viejo miedo a la delincuencia para restringir derechos, limitarlos o de plano vulnerarlos. Imaginemos por un momento a un carabinero registrando las ropas, la mochila o el bolso de una niña de 14 años, sin ningún tipo de restricción o criterio. La cosa cambia.

Como sabemos, toda intervención del Estado en la libertad de los individuos debe estar siempre justificada racionalmente, tanto a nivel político como jurídico. De lo contrario, los actos estatales vulnerarían los derechos y la dignidad de las personas. Por ello, es una irresponsabilidad brutal buscar en un refrán la justificación para un proyecto que podría afectar el principio de inocencia, la libertad individual y los derechos de la infancia.

La realidad es que no existe prueba de que el control preventivo de identidad haya evitado delitos, o disminuido los hechos violentos. Por otro lado, la vinculación entre la infancia y la delincuencia no solo es incorrecta desde lo estadístico, sino horriblemente prejuiciosa desde lo político. De hecho, Patricia Muñoz, Defensora de la Niñez indica que “durante los últimos tres años se ha registrado una baja sostenida en la cantidad de menores infractores de ley, entre 14 años y 17 años, acumulando una caída del 31% a nivel nacional”.

Sí, hay niños flagelados por la delincuencia, pero ello no es un dato utilizable para restringir libertades sino un golpe al rostro de la sociedad que evidencia el estado de desprotección en el que se encuentran los menores en nuestro país.

Ahora, ¿Por qué es tan importante la justificación racional de una medida como la propuesta?. Simple: Si nos tomamos en serio el refrán que utiliza el Ministro surgen las preguntas: ¿Puede el Estado Chileno, garantizarle a sus ciudadanos que aquél que no haya hecho nada no debe temer nada? No. Hace menos de cinco meses la policía asesinaba a un comunero mapuche que, precisamente, no había hecho nada. Esto abre un miedo más que justificado al abuso policial en un control preventivo.

¿Puede ese mismo Estado, asegurar a sus ciudadanos que las entidades policiales mantienen la formación adecuada y los protocolos internos correspondientes para evitar el abuso de las facultades que se le pretenden entregar? No. No puede. Esas mismas entidades fueron capaces de ocultar evidencia, alterar los hechos y maquillar la realidad para evitar ser descubiertos en los abusos cometidos.

En conclusión, la propuesta es grotesca. El proyecto carece de fundamento jurídico, lógico y político. Además, no solo se abusa de la confianza de la ciudadanía ofreciendo un argumento ridículo como justificación, sino que encima se miente manipulando la información a conveniencia. Esto indica que el populismo penal utilizado responde más a los intereses de un sector político que a la racionalidad, y de ahí la importancia de que como ciudadanos estemos atentos para que -ya que usamos refranes- ‘no nos pasen gato por liebre’.