Por Francisco Chahuán Chahuán
Senador de la República

Existe una lista interminable de situaciones, hechos y casos donde las regiones de Chile se han visto postergadas por decisiones que se toman en Santiago o dentro de las cuatro cuadras que rodean al Palacio de La Moneda. Temas administrativos, políticos, sociales, financieros y hasta la designación de autoridades locales.

La elección de Gobernadores Regionales a través del voto popular, si bien no soluciona el excesivo centralismo, se ha transformado en el ícono de la descentralización, pues actualmente el Intendente, designado por el Presidente de la República, responde mucho más a estrategias, decisiones y posturas del Gobierno Central, que a las necesidades de las propias regiones.

Es una verdadera inconsecuencia e incoherencia pensar en retrasar la elección planificada para el 2020. Algunos Partidos Políticos, de todos los sectores, están sondeando dicha posibilidad, pero no por el bienestar del país, sino más bien, por cálculos electorales, pues todavía no definen potenciales candidatos y alianzas o pactos, como si eso fuera lo más importante, olvidando su compromiso por la descentralización.

No hay que ser ciegos, para darse cuenta que existe también una especie de temor entre ciertos parlamentarios en ejercicio y otros con intenciones de llegar al Congreso Nacional, hacia la nueva figura del Gobernador Regional. En estricto rigor, tendrá la misma circunscripción que un Senador y por ende, podría ser perfectamente un potencial candidato a sucederlo en el cámara alta. Ese pensamiento mezquino, no puede estar por sobre el interés de millones de chilenos que viven fuera de la Región Metropolitana.

Se ha debatido mucho acerca de las competencias y recursos que tener el nuevo Gobernador Regional, poniéndolo como impedimento para avanzar hacia la elección popular. Aquello se puede zanjar con voluntad política y los ajustes necesarios, pero en ningún caso debe tomarse como factor para intentar cambiar la fecha.

La elección por voto popular de los Gobernadores Regionales es urgente y necesaria. No vamos a permitir que se postergue ni retrase, no porque resuelva todos los problemas para las regiones, pero si porque será el primer paso concreto para avanzar hacia la descentralización profunda y cambiar la imagen que Chile siempre deja a las regiones en un segundo plano. Además, comprobaremos a través de un ejercicio democrático, que las buenas decisiones se pueden tomar en las mismas zonas donde serán ejecutadas.

La figura del Gobernador Regional será el primer un trampolín. Luego se debe continuar con reformas en favor de la descentralización, como la Ley de Rentas Regionales, donde parte de los tributos que se generan en las regiones, se quede en las mismas zonas para generar desarrollo y proyectos locales, sin tener que pasar por la burocracia ni Santiago.

Las regiones, provincias y comunas tendrán la posibilidad de crecer, deliberar y asumir sus propias realidades. Incluso, los procesos de identidades territoriales se verán fortalecidos, teniendo como líderes de las regiones a hijos de sus propias tierras.