Fotografía: Dra. Karen Moreno analiza restos fósiles de Gonfoterio del sitio paleontológico de Pilauco (Alejandro Sotomayor).
 

Por Dra. Karen Moreno
Directora Magíster en Paleontología, Universidad Austral de Chile

A un mes de ese domingo 2 de septiembre 2018, donde después de cerrar sus puertas al público, comienza un incendio en el Museo Nacional de Historia Natural, en Río de Janeiro. De forma incrédula escuchamos las noticias que muestran las llamas abrazadoras que reducen a cenizas el lugar y dejan en escombros de la fachada.

Medios importantes como CNN y BBC hablan en primer lugar de la pérdida de 20 millones de objetos colectados en más de 200 años de historia de la institución. Números que ni siquiera rasguñan el verdadero valor de estas colecciones.

Estupefacta, sintiendo que el tiempo se alarga y el ruido ambiental acalla, veo en la televisión las palabras desesperadas del Dr. Alexander Kellner, colega paleontólogo actual director del Museo. Con rabia muy justificada, el Dr. Kellner, lamenta el olvido del gobierno en el presupuesto de mantención del museo, ese que les había obligado a cerrar un tercio de las exhibiciones al público y que tenía en la agonía todas las actividades de investigación, difusión y curatoría.

Era un desastre anunciado. Un vaticinio no escuchado por el gobierno y lo penoso es que aquí en Chile, como en otras partes de Latinoamérica y el mundo, las cosas no son diferentes.

En Chile, los Museos, las Colecciones, el Patrimonio e Investigación, no son apropiadamente fomentados por los gobiernos de turno y eso es un signo evidente de subdesarrollo, de no saber que la ciencia y el conocimiento son fundamentales para surgir como país. ¿Cómo no se puede saber esto? ¿Cómo no es evidente para todes?

El conocimiento produce educación, salud y mejor calidad de vida en general. El país no se puede enfocar a sólo exportar e importar. Hay que producir mentes más capaces, productos más elaborados (no sólo materias primas como el cobre y las frutas), y hay que generar soluciones adaptadas a las condiciones particulares de cada localidad.

Me veo entonces compartiendo profundamente el pesar de los colegas Brasileños y temiendo lo mismo para nosotros. Ya en nuestra Facultad de Ciencias UACh se había perdido abundantes colecciones e información con un incendio en el 2007. Varios de los profesores que habían resguardado este invaluable patrimonio eran de edad y como es natural se jubilaron o ya no están con nosotros. Hubo reestucturación de los institutos de la Facultad de Ciencias y con ello, se desvaneció el ímpetu naturalista de las colecciones, quedando en pié sólo la colección de mamíferos de Chile, ya que estaba ubicada fuera del sector de incendio. Pero se perdió una colección de aves acuáticas excepcional, de peces y los pliegos de la colección botánica donde habían incluso especies colectadas por Rodulfo A. Phillipi en el siglo XIX, esto y mucho más.

La ciencia en el mundo en estos últimos 20 años se ha enfocado más a estudios productivos o de conservación, pero dejando de lado el estudio detallado de la anatomía de las especies. Anatomía, morfología, sistemática, zoología, botánica son estudios que tienen como resultado grandes colecciones que el público puede apreciar en un museo. Más fácilmente socializable, más íntimo y emocionalmente cercano, que por ejemplo, un banco genético.

¿Para qué sirve un Museo de Historia Natural?

El Museo de Historia Natural es la institución que asegura el conocimiento de la tierra y los seres vivos del planeta. Por su ubicación, abunda el conocimiento de la naturaleza pasada y presente de su propio país, pero no se restringe a eso. Ya vemos como el Museo en Brasil, tenía colecciones de Egipto y otros rincones del planeta.

Los museos promueven fascinación, introspección, razonamiento lógico y creativo. El lugar en donde se da rienda suelta a la curiosidad por el entorno. ¡Es la mejor sala de clases bajo techo que hay! En pocas palabras:

Un museo es el vehículo para sentirnos empoderados de quienes Somos y a soñar quienes queremos ser.

Debiesen haber muchos museos, uno en cada región –mejor aún– uno en cada comuna, para poder fomentar el pensamiento, la identidad, el orgullo de tener tanta riqueza natural e historia.

Ciertamente ese conocimiento e inspiración se basa en objetos. Objetos que tanto el público como las y los investigadores leemos como evidencia a múltiples preguntas.

Pero lo más importante, es darse cuenta que estas preguntas nunca terminan de surgir, así como sus respuestas. De hecho, una colección pueden hoy no tener gran relevancia reconocida, pero ser indispensable para la solución de problemas futuros. Nunca un material ha entregado toda la información posible, por más publicaciones y análisis que se hayan realizado. Debemos atesorar ese potencial, que es la clave para el desarrollo de la ciencia y de nuestros países.

Las colecciones son un acervo del pasado, presente y para el futuro. Por eso deseamos conservarlo en lo posible para la eternidad. Esta eternidad es difícil de conseguir. Los microorganismos atacan huesos y hasta rocas, los insectos consumen textiles, los ratones roen las cajas, la humedad disuelve materiales, en fin, hay muchas formas por las cuales perder un objeto si no hay alguien que esté constantemente preocupado por su estado (clasificación, limpieza, humedad, temperatura, embalaje adecuados, etc.). Esto, para empezar requiere recursos humanos especializados y ciertamente financieros.

¿Estamos como país suficientemente preparados para surgir desde nuestro conocimiento de lo que nos rodea? Con escaso financiamiento de la ciencia y pocos museos, la tarea se ve titánica e inalcanzable. Autoridades ¡escuchen! De nada vale el dinero rápido sustractivo, debemos sumar, sumar valor a lo que tenemos.

Dr. Kellner, le envío mi pésame más profundo, usted y colegas del Museo Nacional de Historia Natural de Brasil han ayudado en los inicios de la paleontología en Chile, financiando expediciones en nuestro país, incluyéndome personalmente, cuando me ofrecieron la posibilidad de ir a Río a realizar el doctorado, lo que finalmente se concretó en el Reino Unido. Colegas brasileños, desde las cenizas les pido, tengan fuerza y levanten sus metas ¡Hay que restituir la gran misión del Museo Nacional de Historia Natural!

Todos y todas nosotros/as debemos seguir gritando esta carencia, porque la lógica y el espíritu de la humanidad necesita estar conectada con su Naturaleza.