Por Camilo Gómez
Columnista noticiaslosrios.cl

Ciertamente, todos esperamos un golpe de suerte, o lo que es mejor, un sistema que nos permita ganar dinero de manera cómoda, rápida y que en definitiva nos cambie la vida en lo económico. Y muchas veces aparecen ofertas que, disfrazadas de oportunidades únicas, nos invitan a participar en actividades u organizaciones que prometen darnos tan ansiada recompensa.

Sin embargo, como decía mi abuela –con la simpleza y la efectividad de la sabiduría popular- no todo lo que brilla es oro y muchas veces queriendo ir por lana salimos trasquilados.

Sin duda todos recordamos el caso de Rafael Garay y cómo con su carisma y la seriedad con la que proponía soluciones y técnicas infalibles de inversión que prometían ganancias espectaculares a sus clientes terminó siendo uno de los fraudes con mayor cobertura mediática del último tiempo.

En nuestro país y especialmente en La Unión, un tipo especial de fraude se vio por redes sociales el 2017, los famosos “mandalas” que consistía básicamente en que una persona iniciaba una rueda de reclutamiento de personas quienes entregaban dinero a quien lo invitaba a participar y este a su vez invitaba nuevos participantes quienes le daban dinero a él. Lamentablemente y por razones obvias, en algún momento alguien no iba a ser capaz de meter más gente al sistema y tendría que absorber el costo de las ganancias de los demás, es decir, el último en la fila “paga el pato”.

En el último tiempo ha surgido un nuevo sistema, llamado iMarketsLive, un sistema de inversiones FOREX (del inglés foreing Exchange o sea intercambio de divisas) y hace unos días se realizó una reunión informativa sobre el tema en La Unión. Este sistema promete generar grandes sumas de dinero solo con el celular, instalando una aplicación que permite comprar y vender acciones además de contener sofisticadas herramientas que permitirán al “socio” generar muy rápido grandes sumas de dinero.

Hasta aquí todo bien y uno se podría preguntar qué problema hay con que alguien comparta una forma de invertir dinero si esta le resulta. Bueno, a eso se debe agregar que para participar se debe pagar una suerte de “matrícula” equivalente a más de ciento cincuenta mil pesos chilenos, así como mensualidades que superan los doscientos mil para acceder a videos y tutoriales que enseñan estas intrincadas técnicas comerciales modernas.

Pero, si uno quiere dejar de pagar las mensualidades puede invitar a más gente a participar y así son estos nuevos socios quienes cubrirán los gastos de los demás, lo que nos recuerda inmediatamente el sistema de los mandalas del que hablábamos antes. Y seguramente, cuando ya no se pueda ingresar más gente al sistema, serán estos últimos quienes se lleven el mal rato de tener que soportar los costos de los cursos, que valen tanto o más que una carrera universitaria, pero con resultados más inciertos, por lo demás.

Ahora, el problema es que estos sistemas no son un fraude en principio, puesto que voluntariamente se explican las reglas a las personas que participan, pero estos, deslumbrados con la idea de ganar mucho dinero a través de formas sencillas no consideran el riesgo de pérdida en función de la posible ganancia. Como la persona que juega en los tragamonedas o se compra un boleto de lotería sabiendo que es casi seguro que no ganará nada. Y cuando las pérdidas ocurren ya es tarde, los “responsables” están en el extranjero, no tienen domicilio y solo quedan para recoger los platos rotos los amigos que invitaron al último eslabón, por tanto ya no hay mucho por hacer.

Estos sistemas, se aprovechan de la venta de imágenes de corporativos exitosos, al más puro estilo del “Lobo de Wall Street” y de los escasos conocimientos que tenemos la mayoría de las personas respecto a las dinámicas de la economía. Lo más preocupante es que estos sistemas sean ofrecidos a jóvenes que desperdician tiempo y dinero en estos sistemas cuya eficacia no está comprobada más allá de estadísticas bastante cuestionables.

Finalmente, lo importante es ser cautelosos con estas fórmulas mágicas, pues el factor común de todos los fraudes son la promesa de ganancias “anormales”, de las que deberíamos inmediatamente desconfiar. Sin embargo, muchas personas cayeron en la estratagema de Garay por obviar este criterio que parece obvio, pues nadie se considera a sí mismo ingenuo hasta que es engañado. Asimismo, si alguien encuentra la fórmula para convertir duplicar el oro, lo más probable es que la guarde para sí mismo y no la ande regalando a diestra y siniestra. Por ello es mejor seguir el consejo que da Patronio al Conde Lucanor, libro común en nuestras escuelas pero cuya sabiduría a la luz de lo expuesto parece olvidada <<Señor Conde Lucanor, si no deseáis que os tengan por tonto, no arriesguéis vuestra fortuna por algo cuyo resultado sea incierto, pues, si la perdéis confiando conseguir más bienes, tendréis que arrepentiros durante toda la vida>>.