Por Egon Montecinos Montecinos
Dr. en Ciencias Políticas

Es un hecho que a partir del año 2020 tendremos Intendentes electos, llamados Gobernadores Regionales. La elección de los gobernadores regionales sólo será una parte de la historia -la más simple en mi opinión- dado que la más compleja será cómo se administrará “la descentralización” en el territorio. La experiencia de Perú y Colombia es muy interesante de observar porque hay aspectos que pueden servir de lección para aprender pero también para no repetir errores que se han cometido en esas latitudes. La primera lección es que si las cosas no se hacen bien con la descentralización, será la misma ciudadanía que pedirá volver al centralismo o al modelo de desarrollo con autoridades designadas. Por eso, el control de expectativas es muy importante, porque está demostrado que no todos los problemas cotidianos y estratégicos de los territorios se resuelven con la elección de autoridades y con la transferencia de competencias. Segundo, la transferencia de competencias no significa descontrol del gasto. No es recomendable transferir competencias y recursos de manera abrupta a los gobiernos regionales, la mejor estrategia es la escalonada. La cual debe ir de la mano de aumento de recursos humanos, ojala de manera proporcional al aumento de competencias y recursos para los gobiernos regionales. No sería lógico que un ministerio que se desprende de una competencia no lo haga de los recursos fiscales y humanos asociados a ella. Tercero, crear leyes pro-participación ciudadana sin preparar a la sociedad civil no sirve. Fe un sello de Perú que entre 2002 y 2003 de la mano con el proceso de descentralización, se crearon muchas leyes pro participación. La falencia en ese caso fue la escasa preparación de la sociedad civil para aprovechar estas leyes e hicieran contrapeso social a las nuevas autoridades e instituciones. Es clave preparar a los líderes sociales para enfrentar el nuevo proceso que vivirá el país. Cuarto, no todas las regiones necesitan las mismas competencias. Aquí serán las propias regiones y sus actores territoriales quienes deben alzar la voz para pedir atribuciones, pero también frenar aquellas que se quieran transferir pero que no sirven al territorio. La tarea comienza ahora, a preparar a las regiones, no solo para elegir autoridades sino para administrar las nuevas competencias.

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