Por Egon Montecinos Montecinos
Doctor en Ciencias Políticas
Columnista de Noticias Los Ríos

Al finalizar el gobierno de la presidenta Bachelet, en Chile se habrán materializado un conjunto de reformas y que harán del país un lugar más equitativo para vivir. Avances en educación, derechos sociales, derechos políticos, entre otras materias, han sido poco valoradas, incluso por algunos sectores del bloque oficialista, por su débil traducción en rendimiento electoral. Postura discutible, pero en ningún caso constituye un error programático. Porque una reforma no tiene como objetivo el voto, tiene como objetivo transformar realidades en el corto, mediano y largo plazo. Justamente, el objetivo de este Gobierno fue cambiar realidades, de modo que los que menos tienen, puedan tener mejores condiciones de vida. Este principio también tuvo resorte en regiones, a través de las reformas de descentralización y los avances en desarrollo territorial, los cuales también formarán parte del legado de Bachelet.

Existen a lo menos 3 elementos centrales que formaran parte de aquello. El primero es la creación de la política nacional de zonas rezagadas. El 2013, la entonces candidata Michelle Bachelet, anunciaba una agenda descentralizadora y ponía en el centro de su propuesta, la preocupación por superar las desigualdades territoriales en regiones. El desafío consistía en superar las brechas de desarrollo existentes en ciertos territorios, en relación con los promedios regionales y nacionales. Para ello se requería de políticas públicas que abordaran dichas brechas, fue así como se creó esta política y el fondo de convergencia regional, para apoyar el desarrollo de lugares más rezagados en materia de desarrollo socioeconómico. Cabe destacar que en la ejecución de esta política pública en las regiones de Coquimbo, Maule, Bio Bio, Araucanía y Los Ríos, el modelo de gestión utilizado fue participativo, donde los propios actores locales definieron el trabajo que se realizó en cada uno de sus territorios. Desde el 2014 se encuentra ejecutando en 5 regiones, y es de esperar que el próximo gobierno la mantenga, y continúe la expansión en el resto del país.

El segundo legado, es la aprobación de la ley que permite la elección de gobernadores regionales para el año 2020. Nuestra república, desde sus orígenes ha sido centralista. Durante el trabado proceso legislativo, ese germen se aferró en partidos y liderazgos nacionales y regionales, quienes dieron cuenta de una cultura política mundialmente reconocida como poco proclive a la descentralización. De hecho, de los países OCDE, Chile junto con Turquía, son los únicos que no eligen a sus autoridades regionales. Por ello, creo que la aprobación de esta ley es una noticia histórica para el país, porque con esta reforma se cierra un ciclo de centralismo político y administrativo caracterizado por el férreo control de autoridades nacionales sobre las autoridades regionales. Como contrapartida, se abre otro ciclo político que se caracterizará por la democratización de los territorios y la planificación participativa de nuestras regiones. No cabe duda que después de Bachelet la discusión sobre las regiones y la descentralización será muy distinta a la que se dio por largo tiempo.

El tercer legado, será la regionalización democrática. Con la creación de la región de Ñuble, la presidenta Bachelet pasará a la historia por ser la mandataria que, en sus dos gobiernos, democratizó en parte la autoritaria regionalización impulsada el año 1974 por Pinochet. En aquel entonces, se despojó del poder político a las 25 provincias existentes, y se le pasó a 13 regiones artificialmente creadas, sin considerar la identidad territorial, tradiciones y cultura política que habían generado las provincias en sus habitantes. No es casualidad que las nuevas regiones creadas desde 2007 a la fecha, hayan sido provincias antes de 1974. La construcción social y democrática de los territorios, es vital para impulsar proyectos colectivos de largo plazo. Sin duda, esto es un aporte histórico a la regionalización democrática del país.

Por todo lo señalado, creo que M. Bachelet quedará en la historia republicana del país, como la presidenta de las regiones.

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